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UN MUNDO NUEVO
Yo vi una mano al Sol, clara, tendida como el humo ligera, como el humo con las puntas abiertas, con las puntas al Sol hundidas, la naciente mano. La gran mano del cielo, compañera del agua clara vi fosilizada en los ojos de un niño. Y otras manos arrancando vi ceños, con tristeza. Las manos de mi madre que entretejen la pobre vida que mis manos hebran las vi un segundo y quise para siempre en las manos de un ángel contenerlas. Yo vi las manos crudas que trabajan que segundo a segundo hacen el Tiempo. Y el Tiempo vi tan raro, tan confuso como un montón de imágenes disueltas. Tiempo de arcilla y tiempo de muñones con dolores de parto ábrense dedos. Tiempo de hundir al campo manos húmedas y ventilar al Sol vidas goteando. Vamos a destruir todas las manos las viejas manos que ha fundido el Hombre. Y levantar, al Sol, con mano nueva un Hombre nuevo en un febril mañana. Manos sin uñas para abrir los pechos y mostrar de la vida las entrañas. Manos de huesos finos como agujas. Manos de adiós como pequeñas arpas. Manos de alianzas truncas, manos hembras abiertas en canal, acuchilladas exponiendo embriones, exponiendo esperanzas futuras enquistadas. Manos en cruz cual fúnebres badajos de camposanto y noche salpicadas. Manos con tierra y vientres y erupciones por tanta hambre y tanta voz negada. Las tantas manos que de noche juntan puño con puño negras cabalgatas y pasan trenes como pesadillas quiero con mano férrea desterrarlas. La mano de la mar cómo se cierra allá en la orilla en puños ya de escarcha y cómo se retira a abrir la palma: su música, celestes manos danzan. Oh Dios, cómo es que abres tantas manos con tu mano brutal, tu mano ciega cómo la mano aprietas desde el cielo y del capullo añil la luna brota? ¿Cómo si en tantas manos te celebras a ti mismo con manos que te aplauden y aplauden existir, y el Sol aplauden con qué mano difícil estrecharte? ¿Qué mano putrefacta, sumergida por un millón de años bajo tierra sacas de pronto al mundo, y pleno al rostro de cada bestia, das un manotazo? Con tantas manos que sin luz tropiezan en las habitaciones de éste mundo pudiera levantarse una pirámide y en solo dedo todas señalarte. Yo manos que trabajan vi rotundas justo al amanecer aparecidas saladas, sucias, puras, venideras a construir el pan; las vi discretas. Y manos nadadoras vi siniestras por aguas turbias rebuscando lodo y sacar a la luz piedras con musgo y alimentar hediondas, bocas muertas. Vengan las manos torpes que encandilan por no saber leer letras del mundo vengan aquí a mis manos a que aprendan a hacer la voz con el abecedario. Vengan las manos raras de los niños como arañas pequeñas. Como arañas por la pared de la ilusión se trepen y a mis manos con muelles luego caigan. Salten sus manos magas hasta el cielo una orquesta de nubes ejecuten junten la masa blanca al Sur del aire en la tierra encendida se desplomen. Con esas manos de cordón y pétalos con esas manos desencadenadas con esas manos locas cual cangrejos voy a labrar la tanta tierra inválida. Voy a salir de pesca alguna noche con una mano negra y otra blanca voy a salir sin bote mar afuera a traer del amor la mano humana. La mano aquella que la vi, ceñida contra aquel delantal, la mano franca tímida mano que papel recoge para alejar del cuerpo negro, el frío. La mano que del brazo sólo cuelga como un dolor, como un escupitajo muertos sus dedos ya; brotes, raíces. La mano azul delante del sonámbulo. Las manos congeladas por los golpes de otras manos de horror piedras blandiendo. Las manos disecadas del poeta lunáticas, autoras, tras mil años. La mano aquella que apretó el gatillo y de un disparo gris borró los sueños. La mano dura que precisa látigo y ergástula y grillete, y esperanza. Voy a echar a una red todas las manos y lanzarlas al sol murcielagueando a que las alas sequen, y las alas batan de nuevo al sol, rojas de aplausos. La mano del amigo, quiero verla pariendo a saltos puentes y ventanas para que pase el viento hecho persona por todas las personas separadas. Manos desconocidas por la gente manos ajenas por sus camaradas afloren de la sombra, sumergidas y erijan sus presencias marginadas. Que las manos desnudas, por los barcos por las ciudades, por las atalayas se asomen y saluden, simplemente en tránsito la vida adonde vaya. Que las manos oscuras de esos seres que otras manos más altas apuntalan broten con dedos verdes de repente de lo más hondo de la madrugada. Que toquen esos tallos excelentes ojos sin lumbre, fuerzas derribadas. Y al contacto se yerga sin rencores la estatua triste de la raza humana. Se aprieten tantas manos, que no pueda blandir la mano al campo de batalla su razón animal contra otra mano. Sea una mano, de la otra, hermana. Salí a buscar las manos de los Hombres y otras manos encuentro, sustitutas manos de Bestia y sangre, manos llenas que todo lo que tocan lo engalanan. Salí a buscar las manos verdaderas que todo lo que amasan lo fecundan. Salí a buscar las manos por el viento y un huracán hallé, de manos agrias. ¿Y dónde están las manos que se juntan y entre los árboles con frutos cantan. Y las manos que empeñan cada dedo porque otras breves manos se alimenten? ¿Y dónde están las manos que iluminan y que a todo rincón espada llevan de luz la espada, y la rival pupila virgen, en la ilusión, se reconoce? ¿Y dónde aquella mano caminera que de un revés abrió tres mil caminos y al bosque fueron, niños, lentos hombres y del bosque tornaron como abejas? ¿Y la mano que al cosmos se levanta y al cosmos sin oídos pone música y resuena esa voz al infinito hecha semilla y brazos y arcoiris? ¿Y dónde está la mano que se estrecha sólo por estrecharse, mano pálida y no la mano atroz, la mano ebria que en puerta equivocadas noches toca? ¿Dónde están esas manos que celebran con su labor de manos que se abrazan la luz del cielo, el aire en los pulmones la mansedumbre encinta de las aguas? ¿Dónde las manos ciertas, las precisas manos austeras que la flauta pulsan y van todas las ratas en desfile y las ratas al fuego se despeñan? ¿Y aquella mano dulce que acaricia la cabeza del niño, imaginaria y en el cerebro claro un grano siembra de donde brotará la Fuente -el alma-? ¿Y la mano sencilla del Maestro que al horizonte siempre apunta escuálida y allá se ve la luz como una piedra trascendental, ignota, necesaria? He aquí las manos caras de los Hombres los Hombres mismos hechas. He aquí manos como una multitud par de retoños en mis manos de Hombre, liberadas. Vamos a levantar todas las manos las manos tristes y las manos buenas las manos solas y las manos yertas las manos de los fetos, con adargas. Vamos a levantar las manos todas que mano a mano se levante el Hombre. Mano con mano, amanecido el cielo vamos a fabricar un mundo nuevo
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